dilluns, 5 de novembre de 2012

Sin remordimientos

Microrrelato presentado al concurso "Getafe Negro 2012" (este año dedicado a "El proceso", de Franz Kafka).
Máximo 150 palabras, frase de inicio: "Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K."

Sin remordimientos
   
Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K. mientras el otro registraba ruidosamente la buhardilla.
- No sé qué buscáis - dijo K - pero no encontrareis nada.
- Lo ha decidido el tribunal, nosotros solo obedecemos órdenes- respondió el hombre.
Mientras hablaban, el ruido procedente de arriba se había ido apagando hasta cesar completamente. Un sordo silencio envolvía pesadamente la casa.
- Iré a echar un vistazo, no te muevas de aquí - le advirtió su guardián, aflojando la presión.
Una vez libre, K se desperezó, estiró sus entumecidos músculos y se dirigió lentamente al piso de arriba, tras los pasos de los dos hombres. Abrió la puerta y echó un vistazo a la buhardilla: efectivamente, allí no había nada. Solo el vacío más absoluto y esa atmósfera tan opresiva que casi no permitía ni respirar.
Cerró la puerta con llave. "La justicia ya no es lo que era", pensó, bajando plácidamente las escaleras.
 

dimecres, 31 d’octubre de 2012

Ensayo clínico

Microrrelato presentado al concurso "Getafe Negro 2012" (este año dedicado a "El proceso", de Franz Kafka).
Máximo 150 palabras, frase de inicio: "Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K."

Ensayo clínico

Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K, buscándole el pulso infructuosamente, mientras el otro anotaba en su libreta: “El tumor ha remitido en solo una semana, pero el paciente ha fallecido. Aunque la dosis funcione adecuadamente en ratones, no es extrapolable a humanos. Probable causa de muerte: shock anafiláctico tras inyecciones repetidas del fármaco.”
- Voy a redactar el informe- dijo el de la libreta, dirigiéndose hacia la puerta. - Recoge el laboratorio antes de que vengan a retirar el cadáver.

 El hombre empezó a desinfectar el instrumental médico. ¡Estaban tan cerca! Y, sin embargo, no había funcionado... Mecánicamente, separó los residuos biopeligrosos del material esterilizable. Ya imaginaba qué diría el comité: se acabó la financiación.

Fue entonces cuando los dedos helados de K. le atenazaron la tráquea con una fuerza sobrenatural. Mientras se asfixiaba pensó que, dejando a un lado ciertos efectos secundarios algo molestos, el tratamiento, finalmente, había resultado un éxito.


dilluns, 6 de febrer de 2012

Desdoblamientos incontrolados (II)

Como os iba contando, tener a tus múltiples personalidades juntas bajo el mismo techo puede parecer muy divertido, pero siempre, siempre, siempre acaba mal... aunque podría haber sido peor, seamos optimistas.

Al principio había muy buen rollito: pusieron musiquilla (y, ¡qué suerte!, todas tenían los mismos gustos...), bailaban suuuuper-bien, se hicieron mojitos, charlaban alegremente, que si jijijí, que si jajajá... sólo faltaban unos cuantos bomberos para ambientar, y hubiera sido la fiesta perfecta. Pero claro, ya se sabe que la confianza da asco, y, al fin y al cabo, los yoes no dejaban de ser una misma persona dividida en varias. Y los humanos somos capaces de decirnos a nosotros mismos cosas que nunca nos atreveríamos a decirles a otros (o, más aún: hay cosas que quizá ni siquiera nos molestan en los demás pero que no soportamos en uno mismo). Así que, en cierto momento, la yonqui del gym le soltó a la adicta al chocolate (que, por cierto, me estaba saqueando la cocina y acabando con todas las reservas de la preciada droga):

- ¡Para ya de zampar, foca! Si no vas a ir a nadar, no necesitas tanto flotador...

- ¡Tú calla, vigoréxica! – saltó la psicópata de los libros - ¡En vez de meterte con ella podrías dedicarte a cultivar un poco tu mente, cerebro de mosquito!

- ¡Rata de biblioteca! Menos criticar y a ver si sales del huevo ya de una vez... ¡que vives en mátrix, copón!

- Joder, tías, esta alcohólica se ha bebido todos los mojitos... ¡manda güevos!

- Os quieroouuu... ¡osh quiero a todash!... ¡¡ hics!! – balbuceó la fiestera extrema.

- Oye ser, esto es un poco pequeño, no? Vaya mierda de piso tienes... deberías buscarte uno más grande. Solo lo digo por tu bien... – me soltó la egoísta cabrona.

- ¡Tiene cojones la cosa! Estais asustando a mis gatas... ¡panda de histéricas!

Entonces, no sé cómo, aquellas locas pasaron de las palabras a las manos. Creo que todo empezó cuando la yonqui del gym le hizo una llave de Tai Chi a la psicópata de los libros, a la cual ésta respondió lanzándole a la cabeza “Los Pilares de la Tierra” (bueno, la parte positiva es que por fin ese tochaco infumable sirvió para algo). En respuesta a tan feroz ataque, la yonqui del gym pasó del Tai Chi al lanzamiento de pesas. Concretamente, les tiró las rojas, de 1,82 kilos ( se ve que siempre lleva un par encima, por si acaso...). Tampoco recuerdo en qué momento exacto entraron en la batalla las dos gatas, pero resultaron estar eficazmente entrenadas para atacar sin piedad con sus afiladísimas garras. Lamentablemente, varios de los yoes acabaron con una letra marcada a arañazos, rollo zorro, pero en vez de Z, una Y (de Yin y Yang).

Mientras tanto, la fiestera extrema iba por ahí prodigando el peor, el más mortífero de todos los ataques: el abrazo compulsivo. Paralelamente, la obsesa de los bomberos intentaba quemarme el piso usando como foco del incendio "Los Pilares de la tierra," pero, por suerte para mí, no había manera de que aquello prendiera, y cómo no quedaba ni gota de etanol para usar como catalizador (la fiestera se lo había pulido todo), pues todo acabó en tentativa frustrada... Por su parte, la neurótica insegura lloraba en un rincón y se quejaba de que no la quería nadie, lamentando que si le pasase algo y desapareciese del mundo, los demás ni siquiera notarían nada... Un infierno sobre la tierra, vaya. Peor que "Sálvame" en sus momentos culminantes.

Cuando el caos no podía ser mayor y el piso ya estaba completamente destrozado, de repente, inesperadamente, llegó la paz: “¡Blup, blup, blup!...”, los yoes se fueron fusionando de nuevo y... “txoooff!”: caí yo sola en medio del comedor, una, grande y libre de nuevo, aterrizando dolorosamente de culo encima de los putos "Pilares de la Tierra" otra vez (afortunadamente, el libraco no estaba de canto).

Total, que aquello fue peor que si hubiera pasado un huracán o un tsunami por allí, parecía que había venido un escuadrón de yanquis a buscar armas de destrucción masiva inexistentes... En conclusión: que, visto lo visto, no pienso desdoblarme en múltiples personalidades nunca más. Es raro, desastroso, humillante, y te quedas como si te hubiera pasado un trailer por encima (pero uno bien cargadito de coches... bueno, de coches, no, mejor de todo-terrenos de esos que no verán la montaña en su vida, hechos para que las madres pijas lleven a sus hijos al cole...). Así que, yo, lo tengo clarísimo: la próxima vez que mis yoes quieran pelearse, que lo hagan dentro, joder! Es menos escandaloso y mucho más elegante. Al fin y al cabo, eso es lo que hace todo el mundo.

diumenge, 5 de febrer de 2012

Desdoblamientos incontrolados (I)

La otra noche soñé que me desdoblaba en múltiples personalidades. Sí, sí, de repente me hinchaba como una pelota de playa y empezaba a multiplicarme por bipartición, como las amebas: "blup! blup! blup! ..." Y así hasta aparecer un montón de yoes que, a la vez, ninguno era propiamente yo. Mi ser, mi auténtico centro, mi esencia, estaba flotando allí en medio, viendo el espectáculo y flipando en colores, porque aquello se multiplicaba más que la familia real (pero sin robar, ¿eh? la honradez ante todo).

Allí estaban todas, había un ambientazo... parecía la cola del inem: la loca de los gatos (con sus dos gatas, claro), la yonqui del gimnasio, la psicópata de los libros, la fiestera extrema, la científica currante, la amante de la naturaleza, la adicta al chocolate, la obsesa de los bomberos, la neurótica insegura, la cabrona egoísta... no faltaba ni una.

Una vez superada la sorpresa inicial, ingenuamente, pensé: "¡Genial! ¡Voy a montar un fiestorrón, pero ya! Será una fiesta temática, claro. Por ejemplo, podría tratar, no sé... ¿sobre mí?" ¡Ay, que malo es el egocentrismo! Porque si llego a saber lo que me esperaba, cojo y me meto en cualquier cuerpo vacío que pululase por allí cerca (en una modelo o en alguna ex-miss españa reciclada en participante de concursos de la tele, por ejemplo. El recurso fácil...). Así, en plan okupa, como quien no quiere la cosa... igual a la gente le hubiera resultado un poco raro, pero ya me habría quedado yo bien calladita para que no se notase.

Pero no: como no lo veía venir, se lió parda... Así que, desde este humulde blog, pido por favor encarecidamente al encargado de estas cosas: la próxima vez que se me conceda el don del desdoblamiento, que me den también clarividencia para ver el marronazo que me puede caer (como a los tíos esos que salen en la tele a las tantas de la noche, que llamas y te dicen el número que va a a salir, pero no cuando ni donde. Así siempre aciertan, claro...). ¡Una ayudita, es por una buena causa! ¡Que yo con estás cosas acabo desbordá! Mañana os cuento como acabó la cosa.

dimarts, 24 de gener de 2012

Descubriendo el Tai Chi


El otro día fui a clase de Tai chi por primera vez. Desde que vi a un grupo de chinos practicándolo en masa en medio de Central Park, siempre había querido probarlo. Yo tenía entendido que era una especie de disciplina oriental parecida al yoga, para trabajar cuerpo y mente y alcanzar la paz interior. Pero resultó que no: el Tai Chi es un arte marcial. Eso nos aclaró enseguida el profesor al ver que un alumno lo hacía con los ojos cerrados: "atención, que esto no es una meditación en movimiento, es un arte marcial". Que quede claro...

La verdad, a mí gustarme, me gustó mucho, pero no me veo dejando fuera de combate a ningún malhechor con mis futuros conocimientos de Tai Chi. No sé, no me siento capaz de ir por ahí tan tranquilamente enfrentándome a los malotes en la postura de la grulla que extiende sus alas: "¡Eh, piltrafillas! Que domino el Tai Chi, así que mucho cuidadito conmigo". No acabo de verlo claro, sospecho que el único que se dejaría apalizar sería un caracol, y tengo mis dudas...

Próximo reto: la petanca, ese deporte fascinante. Pensándolo bien, no sé si soy una avanzada a mi tiempo o una viejuna precoz. Pero a quien se meta conmigo y con mi edad, le parto la cara. Eso sí, dentro de veinte años, cuando mi puñetazo taichiniano mortal consiga alcanzarle.